Durante el mismo periodo, el comercio internacional de poroto de soja creció de 129 a 189 millones de toneladas, lo que equivale a un aumento de 60 millones de toneladas o un 47%. Brasil se consolidó como el país con mayor expansión en sus exportaciones de poroto, que pasaron de 57 a 117,5 millones de toneladas, con un crecimiento notable de 60,5 millones, es decir, un 106%. En contraste, Estados Unidos y Argentina redujeron sus exportaciones de soja en un 5% y un 45%, respectivamente. Esta mejora en las exportaciones brasileñas se debe a su incremento en la producción de 86 millones de toneladas, así como a una menor competitividad en el mercado de aceite y harina de soja.
Al observar el comercio mundial de harina de soja en la última década, se registró un incremento de 22 millones de toneladas, pasando de 66 a 88 millones, lo que representa un crecimiento del 33%. Estados Unidos aumentó sus exportaciones en 9 millones de toneladas, lo que equivale a un incremento del 83%, alcanzando un total de 19,7 millones de toneladas. Brasil también experimentó un crecimiento significativo, con exportaciones que aumentaron en 11,3 millones de toneladas, un 72% más, al pasar de 15,6 a 26,9 millones de toneladas. Por otro lado, Argentina fue el único país que vio una disminución en sus exportaciones de harina de soja, cayendo en 1,4 millones de toneladas, lo que representa un 5%, al pasar de 30,8 millones a 29,4 millones de toneladas exportadas. La preocupación crece ante la proximidad de Brasil para desplazar a Argentina como el principal exportador mundial de harina de soja.
¿Qué ha sucedido en esta última década? Surge una nueva plaga que afecta a la soja: las retenciones a las exportaciones. Con una alícuota del 24% vigente en la actualidad, la producción de soja se vuelve poco competitiva en áreas distantes de los puertos, donde los costos de transporte tienen un impacto significativo. Además, los rendimientos promedio en esas regiones no alcanzan el 50% de los registrados en la zona núcleo, resultando en márgenes brutos negativos. Esto ha llevado a una reducción de la superficie sembrada de soja en cuatro millones de hectáreas durante esta década; en 2015 se sembraban 20,4 millones de hectáreas, mientras que hoy la cifra es de 16,4 millones.
Durante el mismo periodo, la superficie dedicada al girasol incrementó en 1,5 millones de hectáreas, pasando de 1,4 a 2,9 millones. Este aumento se debe a que las retenciones a las exportaciones de girasol son del 4%, y se estima que para 2028 se reducirán a valores entre 1% y 3%.
No hay antídoto contra la plaga de las retenciones; la única solución viable es eliminarlas o reducirlas de forma significativa, y no en dosis simbólicas.
El Gobierno ha anunciado un cronograma para la reducción de las retenciones a la soja, que comenzará a aplicarse en enero de 2027, con el objetivo de llegar a un 15% para 2028. Sin embargo, con este nivel de retenciones, la soja no podrá recuperar las cuatro millones de hectáreas perdidas en su superficie sembrada, lo que podría marcar el inicio de otra década de retrocesos.








