A lo largo de 90 minutos, veinte artistas —catorce actores y seis músicos— plantean interrogantes sobre las fluctuantes realidades de la historia argentina, reflejando sus ciclos y contradicciones. En un momento, uno de los personajes invita al público a reflexionar sobre sus propios recuerdos personales. Los asistentes cierran los ojos y rememoran imágenes que emergen en su mente.
Así, el espacio se convierte en un caleidoscopio de evocaciones, desde escenas cotidianas de madres, padres y abuelos hasta lo que decidimos retener del pasado. ¿Es realmente una elección? ¿Cuál es el funcionamiento del intrincado mecanismo que conocemos como memoria?
“En mis obras, siempre busqué conectar lo personal con lo colectivo. Tanto en el ámbito cognitivo como histórico, existe una lucha por determinar qué narración prevalece. Al recordar, estamos elaborando un relato sobre ese recuerdo, no sobre el suceso en sí. Cada perspectiva aporta algo, aunque nunca puede abarcarlo todo. Esa inquietud científica y, en cierto modo, filosófica, nos interesa explorar”, señaló Arano Forteza, quien además es dramaturgo, director y actor de la obra.
El elenco de “El reverso de la memoria” incluye a actores de diversas generaciones, poniendo de relieve —con humor— el esfuerzo de las generaciones mayores por transmitir su legado, así como el deseo de las más jóvenes por escuchar. El director considera esto un “patrimonio” que frecuentemente no valoramos como se merece.
“Durante los ensayos, surgieron hechos que para nosotros son evidentes, pero que la generación actual de 30 años desconoce. Por ejemplo, el tapado de piel de María Julia Alsogaray. Siento que hay una responsabilidad de los mayores en preservar ese patrimonio. Actualmente, se tiende a valorar la juventud, la modernidad y las nuevas tecnologías, olvidando que nuestros abuelos pueden relatar la historia vivida con una perspectiva única. Ellos tienen esa experiencia grabada en su memoria, algo que nos resulta valioso”, añadió Arano Forteza.
En la obra, algunos recuerdos se presentan confusos, parecidos a las imágenes borrosas de los antiguos televisores de tubo. Esto no solo aplica a los eventos políticos del país, sino también a las memorias autobiográficas de los personajes. ¿Cómo evolucionan esos recuerdos a medida que envejecemos? ¿Cuál es la importancia de recordar? Teresa Torralva, psicóloga y presidenta de la Fundación INECO, comenta que los recuerdos se desvanecen con el tiempo, pero que el “núcleo emocional del recuerdo” a menudo permanece intacto.
“Una persona mayor puede recordar vívidamente cómo se sintió en un momento crucial de su vida, aunque no tenga claros los detalles circundantes. Esto es parte del envejecimiento normal y no necesariamente indica un problema. Además, los recuerdos tienden a ‘contaminarse’ con relatos posteriores, fotos y lo que otros han contado. Sin darnos cuenta, cada vez que recordamos, el recuerdo original se transforma. Esto sucede a todos, pero se acentúa con la edad debido a la acumulación de experiencias y relatos”, explica Torralva, quien también es profesora de Neurociencias en una universidad local.
La neurociencia revela que los recuerdos cargados de emociones, especialmente los dolorosos, se procesan de forma diferente. “La amígdala, vinculada a las emociones, interactúa con el hipocampo en la formación de recuerdos, lo que refuerza su consolidación. Así, los recuerdos traumáticos quedan grabados con mayor intensidad. Sin embargo, con el tiempo, la persona puede dejar de acceder a esos recuerdos si evita situaciones que los desencadenan. Un recuerdo no ‘reactivado’ con frecuencia se vuelve menos accesible, aunque su huella siga presente en el cerebro”, añade la especialista.
De acuerdo con Torralva, la memoria autobiográfica es más que un simple registro de datos. “Construimos nuestra identidad a partir de ella. Contar nuestra historia no es solo recuperar hechos; se trata de crear una narrativa que les otorgue sentido y los conecte”. Al acumular recuerdos a lo largo de los años, todos poseen distintos pesos, siendo los de la adolescencia y juventud temprana los más significativos y vívidos. Recordar también permite una continuidad en nuestra identidad, entre el pasado y el presente, a pesar de las transformaciones.
La especialista enfatiza la importancia de mantener viva la memoria a través de conversaciones, fotografías y relatos compartidos, sugiriendo que cada vez que la contamos, también la reconstruimos. Y considera que esto contribuye a sostener nuestra identidad.
Una forma más de hacerlo es asistiendo al teatro, donde se produce una conexión en ese ritual compartido. Uno de los retos, según Arano Forteza, es actuar como un puente: “Buscamos llegar a un público nuevo, que no está familiarizado con la historia. El desafío radica en cómo facilitar que los jóvenes establezcan un vínculo emocional con estas narrativas, con esta memoria colectiva”.
La obra “El reverso de la memoria” se presenta los viernes a las 22.30 durante el mes de septiembre y la primera semana de octubre. Las entradas se ofrecen a la gorra, pero es necesario reservar lugar a través de la web de Alternativa Teatral.







