Este cargo depende de la Subsecretaría de Negociaciones Económicas Internacionales e Integración, que está bajo la responsabilidad de la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de Argentina.
La instancia que encabezará Ruffi será la encargada de coordinar la postura argentina en los espacios institucionales del Mercosur, que incluye a Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y, a partir de julio de 2024, Bolivia. Su papel es crucial en un contexto donde el acuerdo entre la UE y Mercosur ya está en vigor de manera provisional, permitiendo la aplicación de rebajas arancelarias sobre más del 90% del comercio bilateral, con cronogramas de desgravación que varían entre cinco y 25 años según la sensibilidad de los distintos productos.
Respecto a la política oficial desde la Cancillería, durante la LXVII Cumbre de Jefes de Estado del Mercosur, que tuvo lugar el 30 de junio en Luque, Paraguay, Quirno cuestionó los fundamentos del esquema regional. “El Mercosur debe dejar de mirar el mundo como una amenaza y asumir el papel que le corresponde”, afirmó ante los líderes del bloque. Al mismo tiempo, destacó que la región había sufrido “una verdadera adicción al proteccionismo” que, lejos de resguardar el empleo y la industria, generó “menos competencia, menos productividad, menos inversión, menos innovación, precios más altos para los consumidores, salarios más bajos, en síntesis, más pobreza”.
Quirno también criticó la estructura del Arancel Externo Común (AEC), la cual calificó como un obstáculo que “condena a las empresas regionales a producir con costos superiores a los de sus competidores”. Propuso su reemplazo por un sistema “simple, competitivo y compatible con una agenda real de apertura”. En este contexto, comparó el desempeño del Mercosur con el de Chile, que ha obtenido acuerdos con economías que abarcan el 88% del PBI mundial, mientras que el bloque apenas llega al 20% tras 35 años de existencia.
Las críticas no se limitaron a la cumbre. En agosto, Quirno volvió a poner en cuestión la operatividad del organismo y fue más directo: “Si el Mercosur no acompaña a la velocidad que necesitamos, avanzaremos bilateralmente”, afirmó, señalando que en sus 35 años de existencia el bloque no ha logrado cumplir con los objetivos fundacionales del Tratado de Asunción de 1991, y atribuyó esta inacción a la inestabilidad política de la región, la burocracia interna y la falta de disposición para debatir temas estructurales.
“Argentina no tiene tiempo para perder”, resumió el ministro, al anunciar que el Gobierno buscará agilizar las relaciones bilaterales dentro de lo que permite el bloque.
Respecto a las acciones concretas de Argentina en el marco del comercio, el 17 de enero de 2026, la Unión Europea y el Mercosur firmaron en Asunción un acuerdo de libre comercio que puso fin a 27 años de negociaciones y comenzó a aplicarse provisionalmente el 1 de mayo. Este pacto abarca a más de 720 millones de personas y representa cerca del 30% del producto bruto interno mundial.
Argentina fue el primer país del bloque en avanzar en la ratificación: la Cámara de Diputados aprobó el acuerdo el 13 de febrero y el Senado lo ratificó el 26 de febrero por 69 votos contra tres, después de que Milei presentara el proyecto al Congreso el 6 de febrero.
Paralelamente, el Gobierno firmó el 5 de febrero en Washington el Acuerdo de Comercio e Inversión Recíproca con Estados Unidos, firmado por Quirno y el representante comercial estadounidense Jamieson Greer. Este acuerdo contempla la eliminación de aranceles sobre 221 líneas arancelarias desde su entrada en vigor, aunque todavía no ha sido enviado al Congreso para su aprobación final.








