La labor de dirigir implica retos distintos a los que se presentan en un partido. Los casos de Diego Milito en Racing y Juan Román Riquelme en Boca son ejemplos claros de cómo las expectativas creadas durante las campañas pueden chocar con la cruda realidad.
Ambos llegaron a sus puestos prometiendo cambios significativos, pero hasta el momento, han fallado en cumplir con las metas trazadas, asimilándose a los políticos tradicionales del ámbito local.
Durante su campaña como presidente de Racing, Diego Milito prometió un “salto de calidad” tanto institucional como deportivo, asegurando que el triunfo en la Copa Sudamericana era solo el inicio de mayores logros. Sin embargo, parte de la hinchada y la masa societaria critican algunas decisiones desde su llegada al cargo.
Uno de los principales reclamos radica en la venta de jugadores por sumas millonarias, con transacciones que habrían superado los 30 millones de dólares. Muchos aficionados sienten que la calidad del equipo se ha visto deteriorada en comparación con el plantel que logró títulos internacionales.
Asimismo, la salida de Gustavo Costas generó controversia. El entrenador, que había renovado por tres años, fue despedido apenas cinco meses después de la firma, lo que despertó fuertes debates internamente y cuestionamientos sobre la planificación del club.
Las críticas también se extienden al estado del campo de juego del estadio Presidente Perón. Durante la campaña, se había prometido una mejora integral, pero muchos fans argumentan que el césped se encuentra lejos de las condiciones deseadas.
Por su parte, Juan Román Riquelme centró gran parte de su discurso político en la competitividad internacional del club Boca. Antes de asumir la presidencia, destacó en múltiples ocasiones que la Copa Libertadores era su principal objetivo. Sin embargo, en su gestión, el club quedó fuera de la competencia continental y actualmente participa en la Copa Sudamericana, sin haber disputado torneos internacionales en 2025.
Además, el proyecto de ampliación de la Bombonera también ha sido objeto de críticas. A pesar de los anuncios de diversas iniciativas para aumentar la capacidad del estadio a lo largo de los años, no se ha llevado a cabo ninguna obra significativa que transforme su estructura.
La percepción de muchos socios, incluidos algunos oficialistas y ex oficialistas, es que los cambios realizados han sido insuficientes en comparación con las expectativas generadas en las campañas electorales.
Tanto en Racing como en Boca, los cuestionamientos comparten un denominador común: la discrepancia entre las promesas hechas durante las campañas y los resultados obtenidos hasta el momento.
Esta situación evoca patrones comunes de la política tradicional, donde los candidatos llegan al poder llenos de expectativas que con frecuencia se ven truncadas.
La popularidad en el campo de juego puede ser clave para ganar elecciones, pero la gestión diaria requiere planificación, uso eficiente de recursos, transparencia y capacidad para lograr objetivos tangibles.
La experiencia demuestra que ser un ídolo no garantiza automáticamente el éxito en la gestión, y que tanto en el fútbol como en la política, los resultados son el tribunal al que deben rendir cuentas aquellos en quienes se ha depositado confianza.








