Surge entonces una inquietante pregunta: ¿qué ha hecho el gobierno actual por quienes trabajaron y aportaron durante toda su vida? ¿Cuál es su accionar en la actualidad?
A agosto, la jubilación mínima más un bono alcanza los 490.000 pesos; sin embargo, este bono permanece sin cambios en 70.000 desde marzo de 2024. Como resultado, quienes perciben la jubilación mínima han visto una disminución de más del 9 por ciento en su ingreso en términos reales, y el bono ha perdido más de la mitad de su poder adquisitivo.
Esta situación trasciende las cifras económicas; es el resultado de decisiones políticas. En 2025, Milei vetó la ley que preveía una recomposición extraordinaria del 7,2 por ciento para jubilaciones y pensiones, elevando la ayuda previsional hasta los 110.000 pesos.
Así emerge la primera contradicción: rendir homenaje a San Martín cuestionando la indiferencia hacia quienes dieron todo, mientras el sector más vulnerable del sistema previsional sigue siendo el de los jubilados de menores ingresos, configurando una aparente distorsión.
El discurso avanzó aún más. Milei afirmó que la libertad para sobrevivir requiere de un pueblo próspero y dinámico, y que una de las responsabilidades del gobierno es brindar estabilidad y crecimiento a la ciudadanía para que pueda planificar su vida personal y familiar.
Pero, ¿qué capacidad de planificación tiene hoy una familia argentina? Según estudios recientes, los salarios registrados habían perdido aproximadamente el 9% de su poder adquisitivo en comparación con 2023. Además, debido al aumento de los gastos fijos y las tarifas, el ingreso neto tras el pago de servicios disminuyó casi un 5%. La mora crediticia familiar alcanzó un 11,5%, el nivel más alto en más de 15 años. Los índices de pobreza, aunque mejoran en los números, están distorsionados por mediciones poco precisas.
Las historias de jubilados con ingresos mínimos, trabajadores registrados y familias cada vez más agobiadas por tarifas y deudas ofrecen una perspectiva mucho más sombría.
La natalidad también ha bajado drásticamente en Argentina; durante la gestión de Cristina Kirchner nacieron 770.000 niños, mientras que actualmente la cifra se ha reducido a la mitad.
Otra declaración de Milei que merece atención es aquella en la que afirma que algunos intentan justificar el robo en nombre de un supuesto bien superior, ya sea la necesidad del pobre o la necesidad fiscal del Estado. Aquí se revela un aspecto fundamental del mensaje ideológico de Milei: para él, la necesidad no justifica un derecho.
El caso de la discapacidad ilustra esta postura. El presidente vetó una ley de emergencia en discapacidad, la cual fue rechazada por el Congreso, pero cuya aplicación se retrasó por la intervención del Ejecutivo. Finalmente, se vio obligado a reglamentarla en febrero de este año tras una intervención judicial.
¿Cómo puede una familia planificar su vida personal y familiar cuando debe luchar en los tribunales por el financiamiento de prestaciones esenciales?
El discurso de Milei del 17 de agosto también incluyó la noción de enemigos internos y externos de la libertad, además de mencionar el deterioro de la salud mental y la necesidad de usar la fuerza pública contra el crimen. Aunque no acusó a opositores de ser criminales, la elección de palabras no es casual. En un mismo discurso, se combinan términos como enemigos internos, mal, enfermedades del alma, orden y fuerza.
Esta retórica construye una división constante entre quienes forman parte del mundo de la libertad y quienes supuestamente conspiran contra ella. También existe una contradicción al hablar de soberanía. Milei hizo hincapié en la necesidad de proteger fronteras, seleccionar alianzas y defender los intereses argentinos, a la luz de lo sucedido con la ley de inviolabilidad de tierras.
¿Libertad para quién? Si el presidente sostiene que la libertad solo puede existir con bienestar y prosperidad, entonces es esencial considerar a aquellos que enfrentan las consecuencias de buscar tal orden económico: el jubilado que ha perdido poder adquisitivo, la familia endeudada, el trabajador con salarios estancados, y la persona con discapacidad que ha tenido que lidiar con la burocracia.
Un gobierno que proclama una libertad para todos, pero reduce el sufrimiento de quienes quedan al margen a una cuestión de responsabilidad individual o de mercado, tiene pies de barro.
San Martín decía ‘seamos libres’. La reflexión hoy, dos siglos después, es si se puede considerar completamente libre a una sociedad en la que una parte de sus ciudadanos carece de las condiciones materiales necesarias para tomar decisiones.








