La fibromialgia es una afección médica ampliamente malinterpretada que afecta a un significativo segmento de la población. Según el médico cardiólogo Jorge Tartaglione, “El 3% de la población mundial lo sufre, es decir que en Argentina hay casi un millón de personas con este problema”. El especialista subrayó que la fibromialgia es “una enfermedad poco comprendida, que los médicos no la manejamos correctamente y que vos la sufrís en casa”. Destacó la frustración que provoca el diagnóstico inicial, el cual se caracteriza por la ausencia de hallazgos en estudios de laboratorio convencionales. “Te hacen todos los análisis, son normales. Te hacen examen de laboratorio de sangre y son normales y vos decís: ‘¿Qué puede ser que esto?’”, explicó. Esta situación da lugar a que muchos pacientes reciban diagnósticos erróneos o minimizados como “Es psicológico” o “Estás nerviosa, estás menopáusica”. Estas respuestas contribuyen a la incomprensión y el aislamiento, sentimientos que pueden agravar el cuadro clínico. Desde una perspectiva médica, la fibromialgia va más allá del dolor localizado y se presenta a través de un “dolor generalizado, calambre, frío, doloroso” y se asocia con una fatiga extrema. Un síntoma notable es el fenómeno conocido como fibrofog, que los expertos describen como una “niebla mental” que dificulta un razonamiento claro. La causa principal de la fibromialgia reside en una alteración del sistema nervioso que eleva el umbral de percepción del dolor. Para su diagnóstico, los protocolos actuales ya no consideran esta afección como un diagnóstico de descarte. Se necesita la presencia de “dolor persistente” por un mínimo de tres meses, fatiga, y la aplicación de evaluaciones mediante un índice. Es esencial desterrar la noción de que se trata de una condición imaginaria, dado que “es una respuesta del sistema nervioso alterado”. En cuanto al tratamiento de la fibromialgia, el abordaje exitoso requiere una estrategia integral. “El tratamiento es multidisciplinario. Muchas personas deben intervenir en este tratamiento”, señaló el especialista. Este enfoque incluye cuatro pilares fundamentales: el ejercicio físico de fuerza como elemento central, la psicoterapia para manejar el impacto emocional, la farmacoterapia adecuada según el caso específico, y, especialmente, la educación del paciente sobre su propia enfermedad. “Sentate con tu médico, hablás, sentite comprendida y tené empatía con la enfermedad”, concluyó.








