Originario de Necochea, aunque eso no refleja completamente su esencia, Mónaco considera que su hogar real es su moto. En ella transporta una carpa, un sleeping, dos banderas argentinas (además de una tercera que usa como protección para el parabrisas), una rueda de auxilio, herramientas, utensilios de cocina y artesanías que vende para sostener su travesía. “Los paisajes de este país son impresionantes. Bajé al Sur por el Atlántico y regresé por los Andes”, relata. En Río Negro, al calcular los días necesarios para llegar a tiempo al primer partido, decidió poner en marcha su viaje.
No obstante, su travesía se vio abruptamente interrumpida. Sufrió un accidente que le fracturó la tibia, quedando atrapado bajo su moto, con una de las alforjas aplastando su pierna. Solo y en la oscuridad, luchó para liberarse. Tras respirar hondo y reunir fuerzas, logró salir y, a pesar del dolor, volvió a subirse a la moto y se dirigió a una estación de servicio, desde donde fue trasladado a un centro médico. “Con la adrenalina no duele. Después, sí. Mucho”, menciona Mónaco. Aunque los médicos le recomendaron cirugía, él rechazó la intervención y solicitó solo una inmovilización de su pierna, continuando su camino hasta Río Gallegos, donde adquirió una bota ortopédica y aguardó a que su fractura sanara.
Durante esa rehabilitación, se enteró del devastador terremoto en Venezuela, lo que hizo que revaluara sus planes. “Ahí hice clic y se me ocurrió una idea”, expresa, mientras ofrece un mate y comparte sándwiches que lleva para el almuerzo. Al darse cuenta de que no podría llegar al Mundial, decidió aguardar el regreso de los campeones para solicitar sus firmas en la moto. En la misma alforja que un tiempo atrás le provocó la fractura, escribió: “Messi, ¿me firmás la moto?”.
“Desde hace cuatro años sigo este sueño de que Messi me firme la moto. Una locura linda. Luego, tras lo de Venezuela, nació la idea de hacer algo solidario. Si consigo la firma de Messi, planeo subastar la moto y donar lo recaudado al pueblo venezolano, que hoy más que nunca lo necesita”, resalta.
Desde hace días, Mónaco acampa cercano a la casa de la familia Scaloni en Pujato, o en las cercanías del country de Funes, donde Messi suele alojarse cuando regresa al país. También intenta localizar a Ángel Di María y tiene planeado viajar a Concordia para obtener la firma de Marcos Senesi. Posteriormente, se dirigirá a Buenos Aires con la esperanza de cruzarse con Leandro Paredes, Nicolás Otamendi o Gonzalo Montiel. Podría pensarse que actúa como un cazador de celebridades; sin embargo, su verdadero objetivo es juntar la mayor cantidad de autógrafos posible para aumentar el valor de la subasta benéfica.
Scaloni fue el primero en firmar el tanque de combustible de la moto. “Ahora la voy a lacar para que no se borre”, aclara. Ese primer logro avivó aún más su entusiasmo. Ahora aguarda frente a la casa de Messi, organizando la logística para seguir encontrando a miembros de la Scaloneta. Sabe que su éxito depende de estar en el lugar adecuado y esperar.
Si Andrés Calamaro lo hubiera conocido, tal vez “Sin documentos” se habría inspirado en este viajero que navega el viento sobre dos ruedas. Sin embargo, si Messi le otorga su autógrafo, Mónaco perderá a su compañera de camino, y, lejos de lamentarlo, asegura que comenzaría de nuevo. “Ya vendrá otra, eso no es lo esencial”, afirma con la serenidad de quien comprende que los sueños vale más que las posesiones.
“Soy una persona común, un trabajador y un hombre humilde. No cuento con medios para mantenerme viajando, pero junto lo poco que puedo y salgo con la moto. A veces, me encuentro dentro del casco preguntándome muchas cosas, admirando los paisajes y disfrutando de la naturaleza. En esos momentos, se comprende la belleza de todo”, reflexiona.
Al igual que muchos camioneros llevan un muñeco de Michelin como amuleto, Mónaco viaja con un Messi de trapo vestido con la camiseta argentina. Un compañero silencioso que le hace compañía en las largas rutas y el único testigo de miles de kilómetros recorridos en soledad.
“A veces siento que el ser humano es el único que se autodestruye. Ojalá logremos ser más solidarios, creer un poco más en Dios, porque Dios es amor y de eso se trata la vida: de amar y de dar lo poco que uno tiene. Lo material es solo eso. Hoy estamos y, cuando menos lo esperamos, se nos apaga la luz”, asegura, con una simplicidad que ayuda a entender su disposición a soltar lo único que posee para ayudar a quienes no conoce.








