A pesar de la ferviente búsqueda de los aficionados y los analistas por establecer conexiones causales que expliquen a los ganadores, la cantidad de eventos -23 o 18- es insuficiente para llegar a conclusiones estadísticas válidas. Este tipo de análisis, que intenta probar o desmentir efectos económicos o demográficos, puede resultar erróneo.
Por otro lado, se puede inferir que ni las naciones con mayor riqueza, ni las menos favorecidas, ni las más pobladas, ni aquellas con regímenes políticos específicos, tienden a ser las que se consagran campeonas. En resumen, factores como la economía, la demografía o el tipo de régimen político no parecen ser determinantes a la hora de establecer ganadores.
No obstante, aunque es complicado abordar la causalidad y aún más definir lo que significa ser un verdadero aficionado al fútbol, no podemos descartar que haya alguna relación entre la pasión por el deporte en cada país y la cantidad de trofeos conseguidos. La interrogante sobre el significado de dicha relación es otra historia.
Así, la cultura podría ser un argumento para comprender los triunfadores y el motivo por el cual en Estados Unidos se prefiere el fútbol americano, en India el críquet y en China el baloncesto.
Es importante mencionar que existen al menos 26 naciones, con una población cercana a los 4.110 millones de personas, que no consideran al fútbol como su deporte predilecto. Estados Unidos, India y China son ejemplos destacados; a pesar de contar con aproximadamente 425 millones de aficionados al fútbol, esto representa menos del 17% de sus respectivas poblaciones.
De esta manera, no sorprende que la pasión por el fútbol esté distribuida de manera desigual en el mundo, predominando en América Latina y Europa.
Sin embargo, esto no implica que el fútbol no sea el deporte más popular a nivel global. Según datos de la FIFA, 5.000 millones de personas siguieron la Copa del Mundo en Qatar 2022, y alrededor de 1.500 millones presenciaron la final entre Argentina y Francia, que tuvo una audiencia promedio de 571 millones. Se espera que el partido final del Mundial 2026 atraiga entre 1.500 y 2.500 millones de espectadores, independientemente de los finalistas.
Esto explica por qué el fútbol es un importante motor económico. La estimación indica que el negocio futbolístico genera unos 200.000 millones de dólares anuales, cifra que asciende a 300.000 millones si se incluyen ingresos colaterales, aunque algunas estimaciones llegan a hablar de hasta 600.000 millones. Un tercio de este total se origina fuera de Europa, y su crecimiento se sitúa entre el 6% y el 7% anual, duplicando la tasa del PBI mundial. Sin embargo, esta cifra, aunque elevada, es modesta en comparación con la industria global del deporte, que mueve aproximadamente 2,3 billones de dólares, cerca del 2% del PBI mundial. Esto sugiere un potencial de crecimiento para el fútbol que resulta atractivo para muchos inversores.
Como mencionamos al comienzo, existen una variedad de estudios que intentan explorar las causas y consecuencias de los mundiales de fútbol, muchos de los cuales, más allá de lo anecdótico, resultan falaces.
Es, sin embargo, interesante evaluar cómo se ve afectada la economía argentina en relación a los mundiales, reconociendo que lo que sigue es simplemente anecdótico. Tomando como base la participación nacional desde 1962, cuando comenzamos a contar datos confiables sobre la variación del PBI per cápita, se observa que este crecimiento fue del 6,4% en los años con mundiales y del 3,2% en el año siguiente.
Es relevante destacar que en los años sin mundiales, el promedio de incremento del PBI per cápita fue del 9,9%, lo cual sugiere que los años de Copa del Mundo no son, por sí mismos, excepcionales.
Al analizar con más detalle, parece que la variación del PBI durante el año del torneo podría estar vinculada a los resultados de la selección. Los años en que Argentina ha alcanzado el podio parecen correlacionarse con mejoras en la situación económica, lo que plantea la pregunta de si es el fútbol el que impulsa la economía o viceversa. Cabe recordar que los mundiales se celebran en media año, lo que complica extraer conclusiones claras.
Parece que si existe algún efecto, este no se refleja en el año siguiente y podría haber incluso una reversión en las tendencias de crecimiento.
Por lo tanto, lo más prudente es no esperar cambios significativos en la cotidianidad, sin importar el resultado de los próximos juegos. Y en cuanto a la relación entre los mundiales y los resultados electorales en Argentina, eso quedará para un análisis posterior.








