La investigación se centró en la procedencia de ese dinero y su destinatario. El principal funcionario implicado en el asunto, Claudio Uberti, quien era el director del Organismo de Concesiones Viales (OCCOVI), mantenía una conexión cercana entre los Kirchner y el régimen venezolano. La situación se escaló rápidamente en los medios de comunicación. Uberti fue convocado de manera discreta a la Quinta de Olivos, donde Néstor Kirchner exigía explicaciones sobre el incidente que generó numerosos interrogantes, incluso en Estados Unidos.
Mientras Uberti relataba los sucesos, Cristina Fernández ingresó a la oficina. Reconocida por su cercanía con el funcionario, fue quien le brindó tranquilidad, sugiriendo que su situación no era tan grave; habría insinuado que estaba al tanto de los flujos de dinero de origen incierto que financiaban tanto al chavismo como al kirchnerismo, en un contexto de campaña electoral.
Las autoridades estadounidenses sostuvieron que los 790 mil dólares estaban destinados a respaldar el proselitismo del kirchnerismo. No obstante, los Kirchner desmintieron esta afirmación. A pesar de la reunión secreta en la Quinta de Olivos, Uberti fue destituido. Su conocimiento sobre las transacciones presuntamente irregulares del matrimonio K y su vinculación con Caracas, así como sobre la economía paralela relacionada con sus hoteles en el sur, resultaba incómodo.
Después de su desvinculación, Uberti se convirtió en el testigo principal del caso conocido como los ‘Cuadernos de las Coimas’, que investiga la sistemática recaudación de sobornos por parte de empresarios para ser transportados en maletas que los Kirchner acumulaban en propiedades en Olivos y en Santa Cruz. Este proceso judicial está considerado el más grande por corrupción en la historia del país. Uberti se preparaba para ampliar su testimonio, pero sufrió una condena en la trama de Antonini Wilson, confesando sobre el valijazo en el mismo expediente. Se encontraba recluido en la cárcel de Ezeiza, cuando él, su esposa y un hijo comenzaron a recibir amenazas a través de redes sociales, instándolos a mantener silencio: “Claudio” debía callar.
Uberti, preocupado por su integridad, se autoconfinó en el hospital del Complejo Penitenciario Federal I para evitar contacto con otros reos. Su salud se había visto afectada y, por ende, solicitó el cumplimiento de su condena en prisión domiciliaria para garantizar su seguridad. Aunque su pedido fue rechazado inicialmente por la jueza Sabrina Namer, la Sala II de la Cámara de Casación Penal posteriormente falló a su favor, permitiéndole cumplir la pena en su hogar con un dispositivo de monitoreo electrónico.
Desde su detención, Uberti ha estado dispuesto a seguir colaborando con la justicia y ampliar sus declaraciones. Se desconoce quiénes fueron los responsables de las amenazas que buscaban silenciarlo, y se espera que después de la feria judicial, esté presente en los tribunales para aportar más detalles que podrían complicar la situación procesal de Cristina Kirchner. La presión ejercida por algunos sectores para desacreditar a los “arrepentidos” ha tenido un efecto opuesto en Uberti.
Él ha desafiado esas acusaciones en privado, manifestando: “Yo no soy ningún buchón”. Es considerado el testigo más temido por la ex mandataria, no solo por sus aportes previos, sino también por lo que podría descubrir sobre movimientos irregulares de fondos desde Caracas a Buenos Aires. Uberti ha revelado que recaudaba sobornos para los Kirchner y que Cristina estaba al tanto de este esquema de corrupción. Además, indicó que ayudó a conseguir inquilinos para uno de sus hoteles, generando ingresos exorbitantes.
Una de sus afirmaciones más sorprendentes fue que, el día de la muerte de Kirchner, había 60 millones de dólares en su departamento. Su testimonio incluye documentación sobre las licitaciones viales de su gestión, que también implican sobornos. La ex presidenta, desde su confinamiento domiciliario, intenta influir en los líderes del peronismo, mientras algunos creen que podría obtener una libertad mediante maniobras judiciales desconocidas.
A pesar de las amenazas y la presión, Uberti se dispone a seguir aportando información a la justicia, con cifras y conexiones que aún no ha revelado, lo que podría profundizar la investigación sobre la red de corrupción que involucra a Cristina Kirchner.








